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Por: Ricardo Becchio
Febrero del 2007
Mirando un mapa de los tiempos de Jesús, Palestina, en letras grandes contaba de Galilea,Samaria y de Judea,las sandalias del Carpintero hollaban tierra ocupada por un imperio total,en esos días parecía un prefacio o un augur,que el dueño de las piedras, el agua y el viento de los lindes del Jordán debiera sentir la bota del poderoso.
Veinte centurias pasaron,la elipse de la historia pone comillas repitiendo las víctimas Jesús-Arafat-Palestina y algunos traidores y verdugos:Sanedrín, Caifas, Sharon, Olmert.
Palestina ya no se encuentra en los mapas, se fue difuminando con cada zarpazo usurpador y colonialista, luego imperialista, lo pergeñado por Herzl como en una ruleta marcó que no fueran Sudán o Argentina los inmolados, ¡sería Palestina!”, ahí ya estuvimos y ahí volveremos a sangre y fuego”, con la anuencia de sultanes, reyes,primeros ministros y presidentes se resolvió cambiar nombres en mapas y cartas geográficas y entonces borraron Palestina,le generaron una diáspora a sus gentes y pensaron, ¡ya está!, ¡no!, no es la constante, Palestina nunca dejó de ser Nación, Palestina jamás se desmembró, está en los ojos de cada Madre amamantando su retoño, en cada piedra de las hondas liberadas y en cada huella en Gaza y Cisjordania, esas huellas no se borran y volverán a ser palabra, una sola y bien marcada y todos los libres del mundo contaremos, que de nuevo,en los mapas se lee ¡ PALESTINA!. |