La mayoría de los primeros miembros del ejército “israelí” surgieron en los kibuts bajo un régimen comunitario, en el que nadie poseía nada y en el que todos se ocupaban de cuidar a los niños, de trabajar la tierra y de realizar otras funciones. Eran una fábrica de incubar a los niños del estado quienes se criaron bajo los principios del sionismo, la lealtad y el racismo contra los árabes. Con el decursar del tiempo, se debilitó la importancia de esos principios por lo que muchos emigraron de los kibuts hacia la ciudad. Debido a ello, las tres cuartas partes de esas colonias cayeron por las deudas acumuladas lo que hizo que algunos acudieran a otras fuentes de ingreso como la industria ligera y el turismo. En estos kibuts solo vive el dos por ciento de la población de “Israel”.
Esta importante élite de peso en el ejército y el Knesset (Parlamento) se ha apoderado de 18 mil kilómetros cuadrados de tierra pertenecientes a los refugiados de los campamentos. Los kibuts consumen en la agricultura el 80 por ciento de los recursos hidráulicos de “Israel”, robado en su mayoría a los árabes, para producir el tres por ciento del Producto Nacional Bruto de “Israel”.
Esa enorme contradicción dada en el hecho de que 200 mil “israelíes”, habitantes de los kibuts, disfruten de las bondades de la tierra palestina, perteneciente a más de cinco millones de refugiados, no puede conducir a la paz aún cuando sea impuesta por la fuerza. Aunque existe una contradicción aún mas dolorosa ya que en la Franja de Gaza hay actualmente un millón 250 mil refugiados para una densidad poblacional superior a cuatro mil personas por kilómetro cuadrado, mientras que cada uno de esos refugiados puede ver, a través de la alambrada, a los “israelíes” disfrutando en la tierra a ellos arrebatada y que tiene densidad poblacional de seis personas por kilómetro cuadrado.
¿Entonces, dónde están los judíos de “Israel”? Aún viven en la propia tierra judía en la cual vivieron desde antes de 1948. El sionismo no los ha podido convertir en agricultores vinculados a la tierra ya que la mayoría de ellos ha vivido en sociedades civiles cohesionadas, que trabajan en la esfera de las finanzas, el comercio y la industria.
Las estadísticas “israelíes” revelan que el 78 por ciento de los judíos vive en solo el 15 por ciento de la superficie de “Israel”. Mientras que el 19, del 22 por ciento restante vive en ciudades, en su mayoría palestinas, como Jerusalén, Jaffa, Acre, Nazaret, Led, Ramleh, Beer Sheva, Majdel y Askalan; el resto son habitantes de los kibuts y las aldeas cooperativas. Ese fracaso sionista hizo que los arrogantes dirigentes como Ariel Sharon y Rafael Etan propusieran la adopción de leyes que permitieran “vender” algunas tierras de los kibuts a contratistas para construir viviendas en ellas para los judíos de todas partes! del mundo, dándole a los pobladores de los kibuts una compensación de aproximadamente el 25 por ciento del valor de la venta de una tierra que no les pertenece. A partir del año 1997, comenzó a ingresar al presupuesto del estado alrededor de un billón de dólares anualmente producto de la venta de las tierras palestinas, cuyos dueños aún están en el exilio.
Posible regreso
¿Tienen los refugiados derecho a regresar a sus hogares? ¿Acaso ello es posible? La respuesta es que el derecho al retorno es sagrado, legal y posible.
Sagrado porque ese es el sentimiento de todo palestino, tanto ancianos como niños, ya que a pesar de haber transcurrido más de medio siglo, ese derecho es la llama que ilumina la oscuridad de la vida que les ha tocado vivir.
Posible porque a pesar de la afluencia de emigrantes judíos hacia “Israel”, la mayoría de los territorios palestinos está deshabitada, o viven en ella la mayor parte de los palestinos que permanecieron en sus hogares según lo constataran estudios demográficos basados en estadísticas “israelíes”. Sobre esta base podemos suponer que si los refugiados de El Líbano retornan a Galilea se afectaría la densidad poblacional judía en esa zona en solo un uno por ciento. Si retornaran los refugiados de Gaza a sus hogares en el Sur se afectaría la densidad poblacional judía en solo un cinco por ciento. Además resulta una contradicción dolorosa el hecho de que el total de refugiados de Gaza y El Líbano sea igual al número de emigrantes rusos asimilados por “Israel” con toda facilidad en los años 90.
Es lamentable que muchos dirigentes no sepan que es posible el retorno de los refugiados a sus hogares en “Israel” según lo confirmaron serios estudios demográficos. Ellos aceptan con facilidad la leyenda sionista de que el lugar esta abarrotado y que los límites de la propiedad desaparecieron. Sería un disparate y una pretensión tendenciosa que no se puede sostener ante una investigación seria. Tenemos actualmente cientos de mapas británicos que evidencian las fronteras de los territorios árabes y su superficie en cada aldea y ciudad, también tenemos en los archivos de la ONU, casi medio millón de registros de inscripción, que muestran la propiedad de cada individuo, su ubicación y superficie. La técnica moderna a través de la computación y los satélites puede remitir cada metro de tierra a su origen. No tenemos que demostrar! que hay suficiente espacio allí para que los refugiados retornen a sus hogares, ni determinar el lugar de ese hogar y de la tierra, ya que el derecho del hombre a retornar a su hogar y la inviolabilidad de la propiedad privada son derechos fundamentales estipulados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que no prescribe ni por el paso del tiempo, ni por la ocupación, ni por la imposición de una soberanía extranjera. Es ilógico imponerle al dueño de ese hogar que pruebe su derecho ante el invasor extranjero o el emigrante judío llegado de cualquier parte de la tierra para habitar ese hogar. Muchas personas en occidente aceptan el pretexto “israelí” de la necesidad de que “Israel” permanezca libre de todo árabe y la necesidad de que los judíos sigan siendo mayoría absoluta. Ese planteamiento racista es solo similar a aquel que propugnaba el derecho de Sudáfrica al planteamiento de preservar el apartheid. Es un pretexto! ilegal, inmoral y poco práctico ya que el por ciento de la población judía en comparación con la población palestina entre el Río Jordán y el Mar Mediterráneo alcanza el 55 y los árabes el 45. Es solo una cuestión de tiempo para que se equipare o aumente esa diferencia ya que el crecimiento natural anual palestino supera el 3,5 por ciento y a veces más, mientras que el crecimiento natural de los judíos es solo de 1,5 por ciento anual. A ello se añade la emigración que duplica o supera ese crecimiento como sucedió en los años 90, aunque no es una emigración organizada.
Por otra parte la emigración judía es algo que no es seguro ya que algún día terminará. Por tanto mantener ese odioso apartheid es algo ilegal, inmoral y poco práctico.
El futuro es difícil pero prometedor
Palestina y sus habitantes han padecido los obstáculos impuestos por el controvertido Acuerdo de Oslo que no es un acuerdo sino un diferendo ya que despojó a los palestinos del derecho a la legalidad internacional y los convirtió en rehenes de los dictados del más fuerte sobre el más débil.
Ese acuerdo no se convertirá jamás a un convenio de paz que cuente con la aceptación y el beneplácito de todo el pueblo palestino, ni de los refugiados cuya inmensa mayoría, el 71 por ciento, se encuentra fuera de Palestina, lejos de las zonas de poder palestinas y del gobierno “Israelí”.
En cuanto a las tierras de los que se mantuvieron en Palestina ocupada en 1967, en Cisjordania (cuya superficie representa el 21 por ciento de la superficie de Palestina), “Israel” se fue apoderando de ellas pedazo a pedazo hasta dominar mas de la mitad de Cisjordania y de la Franja de Gaza.
A los que se quedaron en su tierra ocupada en 1948 y tienen nacionalidad “israelí”, el estado hebreo les confiscó más de la mitad de las tierras y hoy están viviendo una situación nacional diferente ya que se renovaron sus esperanzas, fundaron partidos y agrupaciones para reafirmar su identidad y su herencia histórica y geográfica.
Por otra parte, los refugiados viven en nuestros días la peor situación desde que ocurrió la catástrofe. Actualmente, bajo el manto de la paz, quieren despojarlos de sus derechos. Ellos no han luchado todo este largo tiempo y resistido pacientemente cinco guerras y un número incontable de incursiones y ataques para admitir ahora que no tienen patria, ni derechos, ni historia y que todo eso no fue más que una quimera – como querían para ellos aquellos que se envolvían en un manto llamado paz y que hacían que todo aquel que hablara de “Jerusalén Árabe” fuera considerado demente o terrorista y perseguido por los regímenes y gobiernos amantes de la paz.
A pesar de todas las dificultades el pueblo palestino permanecerá cohesionado y firme y seguirá luchando y defendiendo sus derechos hasta tanto regrese a su tierra. No habrá una paz verdadera si no se regresa a la patria, de ello no tenemos ni la menor duda. Solo resta que la historia recoja cuantos sacrificios aún hay que hacer para que ese retorno se convierta en realidad. |